LIDERAZGO EN LA EXPERIENCIA DE ENOC

 

Enoc manifestó la virtud principal del líder bíblico: caminar diariamente con Dios

La sencillez del breve comentario con respecto a Enoc nos sorprende. Moisés, el autor inspirado del Pentateuco, después de una repetición hasta monótona de quien nace, engendra hijos y muere, de repente dice: “Y caminó Enoc con Dios… caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios” (5:22, 24).Image result for enoc

Es fuerte el agudo contraste con el contexto anterior y posterior. Las demás generaciones de capítulo 5 desde Adán hasta Noé son los que nacen, engendran hijos y mueren. ¡Qué comentario tan monótono sobre la fragilidad de la vida terrenal! Aunque la edad de los antediluvianos era larga en comparación de la de hoy día, de todos modos siempre morían.

Pero Enoc se destaca no por la edad sino por algo mucho más duradero y valioso: una vida en plena comunión con Jehová. Caminar con Dios quiere decir estar en una íntima relación no interrumpida, en constante contacto con un Dios santo que desde el Huerto de Edén buscaba la manera de andar con su criatura (Génesis 3:8). ¡Qué difícil comprender que aun Dios buscaba la comunión con los suyos! Pero tal es nuestro Dios. En Enoc halló a quien también compartiría ese deseo y Enoc por fe se gozaba de esa preciosa comunión (Hebreos 11:4, 5).

El líder que hoy en día quiere servir a Dios necesita conocer esta prioridad. Hay tantas actividades por hacer –las demandas de predicar, ministrar a los demás, mantener un horario fuerte—que en breve, el obrero concienzudo estará ocupado en los quehaceres del pastorado o la obra misionera. Será muy fácil trabajar fielmente para Dios en lugar de mantener ese toque fresco del tiempo con el Señor. Frente a las demandas siempre crecientes, el líder tiene que guardar su relación personal con Jesús sobre todas las cosas buenas. Es tan fácil que lo bueno llegue a ser enemigo de lo mejor.

El peligro de no andar con Dios motivado sólo por el amor

Juan destaca esta triste realidad en el caso de la iglesia de Éfeso: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. PERO tengo contra ti, que has dejado tu primer amor” (Apocalipsis 2:2–4). Sigue Juan diciendo que tal falta no es un mero pecado sino una caída que requiere nada menos que un verdadero arrepentimiento.

Si no hay verdadero arrepentimiento, habrá consecuencias drásticas. Dios no sólo prefiere el amor sino que también exige nuestro amor, no tanto nuestro servicio. En cierto sentido no necesita Dios nunca aquello que a él le podemos dar. Dios quiere nuestro amor exclusivo, no sustituyendo el activismo por el afecto de nuestro corazón.

Cualquier matrimonio puede darse cuenta de que no hay sustituto de ese amor entre dos cónyuges que saben poner en orden todas las demás cosas menos urgentes. Muchas veces el siervo de Dios se realiza a sí mismo en el activismo, sirviendo su orgullo y su valor en lo que hace para el Señor. Pero al hacerlo, le roba a Dios lo único que él valora.

Vale la pena volver a Hebreos 11 para notar la preeminencia que el autor inspirado le da a Enoc. “Por la fe Enoc fue traspasado para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios” (v. 5). Lo que no se toma en cuenta tanto es el verso que sigue: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acera a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (v. 6).

Es quizá la más básica verdad de la vida cristiana, la fe activa, personal e íntima. ¿Quién es el mejor ejemplo? Nadie menos que Enoc, quien vivía milenios antes de la cruz. El tiempo y cantidad de conocimiento bíblico no cuentan para nada; es cuestión de un corazón apasionado por Dios y por eso cree en él. Vivimos por este lado de la Cruz; nos gozamos de tanto conocimiento doctrinal, pero la verdadera cuestión es ¿qué tal está nuestra comunión diaria con él?

Enoc, apasionado creyente y a la vez un profeta fiel (Judas 14, 15)

Enoc sabía caminar con Jehová en plena comunión diaria, guardando su relación por la fe y la obediencia. Pero ese amor y pasión para con Jehová se convirtió en un ministerio fiel y valiente. De una fuente históricamente desconocida, Judas cita bajo la inspiración del Espíritu la siguiente denuncia de su generación malvada: “De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él” (Judas 14, 15).

Quien guarda bien su andar con el Señor, como lo hizo Enoc, tendrá siempre un ministerio fructífero. En el caso de Enoc era un ministerio de denuncia, pero su propia vida era su autoridad.

La vida cristiana no es un pietismo o sólo un andar místico; con base en esa relación íntima con Dios, siempre sostenida y guardada, hay trabajo que hacer y retos que afrontar. Generalmente somos más tentados a trabajar y de esa manera descuidamos nuestro andar con el Señor. Debe haber un buen equilibrio y balance entre los dos factores que garantizan un ministerio eficaz: primero nuestro andar con el Señor en plena comunión con él –como Enoc– y luego el trabajo que Dios nos encomienda.

¿Cómo entendemos la espiritualidad de Enoc y su andar con Dios?

Una cuestión muy fascinante es: ¿Cómo pudo Enoc, que vivía muchos años antes de la cruz, haber gozado de tanta comunión con el Señor y a la vez desarrollar un ministerio profético? Es cierto que sabían acercarse a Dios Caín y Abel. Pero, ¿sobre qué base?

Hay otras preguntas que exigen una reflexión: ¿Cómo pudo haber sabido Noé acerca de ofrecer los animales limpios después del diluvio (Génesis 8:20–22)? ¿Cómo supo Abraham que debía edificar altar al llegar a la tierra prometida (Génesis 12:7, 8) y luego ofrecer a su hijo en holocausto a Dios (Génesis 22)? ¿Cómo llegó a conocer a Dios tan íntimamente Job, si fuera contemporáneo de Abraham como se cree? Sin embargo todos estos aparecen en Hebreos capítulo 11 como los héroes de la fe. Debería haber habido alguna revelación o conocimiento disponible a las primeras generaciones.

No puedo comprobar lo que sigue, pero me parece tan lógico y necesario que lo sugiero como una posible respuesta. Dios les hizo saber a nuestros primeros padres la manera de acercarse a él al darles vestimenta de pieles y otras instrucciones (Génesis 3:21). Abel y su ofrenda fueron recibidos como olor grato porque Abel se acercó en fe y en plena dependencia de Dios (Hebreos 11:4). Dios vio el corazón y así Abel llegó aceptado.

Al contrario, Caín se enojó en gran manera indicando cierta rebeldía e inconformidad. El apóstol Pablo dice de esa época: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias…” (Romanos 1:21). El texto me enseña que Dios no los dejó sin testimonio de su persona y de la forma cómo deberían acercarse a él.

Llamamos a esto como la tradición oral o la oralidad. Siempre ha existido entre todas las culturas la costumbre de pasar de generación en generación las verdades inicialmente recibidas. Así debió haber trabajado Dios. Además la longevidad de las primeras generaciones se prestaba para tal transmisión.

¿Cómo llegaron a Moisés los datos de Génesis? Dios siempre ha dado testimonio de sí. Luego agregaría lo objetivo de lo escrito, dándonos una base más segura de nuestra fe (2 Pedro 1:18–21). Pero todo esto me habla de la importancia de aceptar y ver la mano de Dios en Génesis y el Antiguo Testamento.

La palabra final es que la fe, la gracia de Dios, el amor de Dios siempre han estado al alcance del corazón abierto a Dios y dispuesto para buscarlo en todo momento. Con razón dijo San Agustín: “El Nuevo Testamento están latente en el Antiguo y el Antiguo patente en el Nuevo”.

Lecciones que el líder bíblico debe tener muy en cuenta

1. Según nuestra manera de pensar, Enoc tenía la desventaja de vivir muy antes de la cruz, no obstante, logró un andar íntimo con Dios, sólo por la pura fe, disponible tanto en aquel tiempo como en el nuestro.

2. La fe, la gracia y el andar con Dios se ven desde Abel hasta la cruz, como Hebreos capítulo 11 nos ilustra tan claramente.

3. El líder que no guarda bien su andar diario con Dios ya está fallando. Sólo es cuestión de “cuándo” caerá.

4. No hay sustituto para el andar por fe, unido a Cristo en muerte y en resurrección. “El justo por la fe vivirá”.

5. La vida espiritual depende mucho más de la actitud del corazón ante Dios que del conocimiento doctrinal que se profesa.

6. Cuando otros iban para abajo en la depravación de Génesis 6, Enoc probó la gracia de Dios y Dios se lo llevó sin ver la muerte.

7. Sólo sobre la base de un andar íntimo con Dios puede el líder bíblico llevar a cabo una obra que permanece eternamente.

 

Fuente:

G. Ernesto Johnson, Liderazgo Desde La Cruz: Principios Y Personajes Del Liderazgo Bíblico (Edinburg, TX: Editorial Rio Grande, 2011), 64–69.

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