MOTIVACIÓN… lo que el líder debe saber (parte 1)

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Explicaciones de la Motivación: Distintos enfoques

Aunque el tema de la motivación es complejo y hay enfoques biológicos, cognitivos, y sociales, todos buscan explicar la energía que guía al comportamiento de las personas en direcciones específicas. A continuación serán presentadas una síntesis de los principales hallazgos relacionados con la motivación, específicamente se hará una apretada referencia a las principales teorías o modelos explicativos en torno a cómo se genera la motivación.

Somos motivados por instintos

La teoría de los instintos dice que la motivación es el resultado de un patrón innato de comportamiento, determinado biológicamente en lugar de ser aprendido. Los seres humanos y los animales nacemos dotados de diversos conjuntos de comportamientos preprogramados, esenciales para la supervivencia. Así, el instinto de reproducción lleva al sexo, y el instinto de examinar el territorio propio lleva a la conducta exploratoria. Freud sostuvo que las pulsiones instintivas del sexo y la agresividad motivan el comportamiento. Este punto de vista era sostenido por la mayoría de los psicólogos al comienzo del siglo XX. Sin embargo no se podían poner de acuerdo en cuanto a cuáles son los instintos primarios y llegaron a catalogar hasta 5.759 instintos. Esto pareciera que solo facilitaba la rotulación del comportamiento.

La concepción de la motivación basada en los instintos ha sido desplazada por nuevas explicaciones más elaboradas.

Somos motivados por satisfacer nuestras necesidades

Este modelo afirma que se producen pulsiones para satisfacer nuestras necesidades biológicas básicas. Si no satisfacemos la necesidad de sed, por ejemplo, se produce la pulsión de sed. Una pulsión es una tensión motivacional, o excitación, que energiza al comportamiento con el fin de satisfacer alguna necesidad. Hay pulsiones primarias, que están relacionadas a las necesidades biológicas del cuerpo, tales como el hambre, la sed, el sueño, y el sexo. Y hay pulsiones secundarias que se generan a través de las experiencias previas y el aprendizaje. Por ejemplo, si una persona tiene una gran necesidad de obtener éxito, se diría que su necesidad de logro se refleja en una pulsión secundaria que motiva su comportamiento.

Se habla de «reducción de pulsiones» en esta perspectiva por el concepto de la homeostasis. La homeostasis es ese proceso por el que un organismo trata de mantener un equilibrio biológico interno, o «estado estable». Mientras más lejos se está del nivel óptimo, o se altera el estado de satisfacción, producto del hambre, por ejemplo, entonces ello llevará a que más pulsiones de hambre se originen. El organismo, por lo tanto, se energiza o motiva como un todo para reducir esas pulsiones y mantener un estado satisfactorio.

El problema con esta teoría es que no explica todas las motivaciones. Hay motivaciones que en vez de reducir una pulsión, mantienen o aumentan un determinado nivel de excitación. Por ejemplo, hay comportamientos que son motivados por la curiosidad. Te excitas por recoger el correo, por ir a conocer un lugar al cual nunca has ido, o por indagar más sobre un chisme que corre por ahí. El que busquemos emociones realizando actividades tales como subir a la montaña rusa o navegar en balsa por los rápidos de un río no se explica por la teoría de reducción de pulsiones. En los casos previamente reseñados, la motivación parece estar en aumentar el nivel general de estimulación y actividad.

Somos motivados por la excitación

El enfoque de la motivación relativo a la excitación se refiere a la creencia de que tratamos de conservar determinados niveles de estimulación y actividad, aumentándolos o reduciéndolos, según se requiera. El nivel óptimo de excitación deseado varía en cada persona, por ello es que algunas personas intentan evitar el aburrimiento buscando situaciones de desafío, constituyéndose estos en los motivadores.

Somos motivados por incentivos

El enfoque de la motivación por incentivos presta atención a los estímulos externos mientras que el de las pulsiones presta atención a estímulos internos. El postre que traen a la mesa, después de una abundante cena, probablemente no resulta tan atractivo para reducir la pulsión de hambre ni por el mantenimiento de la excitación. Por tanto, también somos motivados por incentivos externos que dirigen y energizan al comportamiento.

Algunos psicólogos han observado que los organismos buscan satisfacer necesidades incluso cuando los incentivos no son evidentes. De ahí que hayan concluido que las pulsiones internas y los incentivos externos trabajan conjuntamente para «empujar» y «atraer» al comportamiento. Buscamos satisfacer nuestras necesidades de hambre subyacentes y a la vez somos atraídos por alimentos que parecen apetitosos en particular. Por lo tanto, en lugar de contradecirse entre sí, las pulsiones y los incentivos pueden funcionar de manera conjunta para motivar al comportamiento.

Somos motivados por nuestros pensamientos

El enfoque cognitivo de la motivación se centra en el papel que desempeñan los pensamientos, las expectativas y la comprensión del mundo. Desde un punto de vista cognitivo está la expectativa de que cierto comportamiento nos permitirá alcanzar una meta determinada. El otro punto de vista cognitivo se centra en la comprensión del valor que tiene para nosotros esa meta. La motivación que un estudiante tenga para prepararse para un examen estará determinado por su expectativa sobre la calificación que obtendrá, y del valor que le otorga el hecho de obtener una buena nota. Si la expectativa y el valor son altos, estará motivado para estudiar diligentemente.

Las teorías cognitivas de la motivación hacen una distinción entre motivación intrínseca y la extrínseca. La motivación intrínseca nos impulsa a participar en una actividad para nuestro propio gozo, y no por alguna recompensa tangible que se pueda derivar de ella. En contraste, la motivación extrínseca nos impulsa en una determinada dirección con el propósito de obtener una recompensa tangible. De acuerdo con investigaciones relativas a ambos tipos de motivación, somos más capaces de perseverar, esforzarnos y realizar trabajos de mejor calidad cuando la motivación para una tarea es intrínseca en lugar de extrínseca (Lepper y Greene, 1978; Deci y Ryan, 1985; Harackiewicz y Elliot, 1993). Algunos autores consideran que ofrecer recompensas para el comportamiento deseado puede provocar una disminución de la motivación intrínseca y un aumento de la extrínseca. Para demostrar este fenómeno, se le prometió una recompensa a un grupo de alumnos de jardín infantil si realizaban dibujos utilizando «marcadores mágicos» (una actividad para la que antes habían mostrado gran motivación). La recompensa sirvió para reducir su entusiasmo ante la tarea, puesto que más tarde mostraron mucho menor interés por dibujar (Lepper y Greene, 1978). Era como si la promesa de la recompensa debilitara su interés intrínseco en el dibujo, convirtiendo en un trabajo lo que antes había sido un juego.

 

Ricardo Crane, “¿QUÉ NOS IMPULSA EN LA VIDA?: MOTIVACIÓN,” in Psicología: Conceptos Psicológicos Prácticos Para El Obrero Cristiano, ed. Ricardo Crane and Felipe Cortés (Miami, Florida: Editorial Unilit, 2003), 163–167.

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