CONSEJOS PARA CUMPLIR LOS PROPÓSITOS DEL NUEVO AÑO (consejos de psicólogos)

Después de los excesos de las fiestas de fin de año, las resoluciones para lograr un estilo de vida más saludable están a la orden del día.

Las promesas son simples, aunque ambiciosas: básicamente, se trata de reemplazar viejos malos hábitos por otros que hagan bien al cuerpo y la mente.

Pero cumplirlas suele ser más difícil de lo que parece. Y muchos desisten en cuestión de semanas.

Pero a no desesperar: la psicología puede ayudarnos. Para que este año las resoluciones tengan larga vida, aquí te presentamos cinco consejos que aumentarán tus probabilidades de éxito.

1. Persistir

El psicólogo Richard Wiseman, de la Universidad de Hertfordshire, en Reino Unido, ha hecho investigación sobre las claves para mantener las decisiones de cambio.

Ilustración de un hombre entre un bocado de brócoli y uno de pizza

En un estudio con 5.000 personas que habían hecho resoluciones de fin de año, quienes mostraron menor índice de éxito fueron aquellos que tenían una “actitud fatalista” frente a distintos aspectos de la vida.

Según Wiseman, es muy probable que los viejos hábitos regresen con alguna regularidad, con lo cual es importante ver esos reveses como ocasionales y temporarios y no como una excusa para abandonar el proceso de cambio por completo.

El fracaso ocasional es “la principal causa que frena a la gente” en el cambio, señala el psicólogo.

“Si después de empezar una dieta tienen un día en que atacan la lata de galletas, muchos tienden a pensar ‘ya está, fracasé’ y se rinden. Pero la clave es combatir ese fatalismo con persistencia“.

La perseverancia es la clave: tras un revés, recomenzar al día siguiente.

2. Crear redes de ayuda

No se ningún secreto: con ayuda, las cosas son más fáciles.

Una mujer en una bicicleta acompañada de un perro

El apoyo de la familia, los amigos e incluso los compañeros de trabajo resulta fundamental para que logremos sostener los cambios y no perdamos de vista los objetivos.

Aunque, según los expertos, las mujeres tienden a beneficiarse más de estas redes de contención que los hombres. Y son mejores también para ofrecer apoyo.

Las mujeres suelen ser mejores para ofrecer apoyo moral. Los hombres tienden a tratar de incentivarte a que comas ese postre que estás tratando de evitar”, señala Wiseman, así como a restarle importancia a los pequeños cambios de conducta que, sumados, permitirán alcanzar los objetivos finales.

3. Llevar un registro del cambio

La tarea de llevar un registro de los cambios cotidianos, por pequeños que sean, puede ayudar considerablemente en el proceso, no sólo porque obliga a revisar conductas a menudo sino también porque permite poner en perspectiva los logros acumulados.

Un hombre escribiendo en un diario

Esto puede hacerse mediante un registro público, como un blog, o con herramientas más personales e íntimas, desde un diario hasta un documento de Excel o unas notas en la puerta del refrigerador.

Por ejemplo, es importante apuntar cada visita al gimnasio, el menú del almuerzo o cada vez que se logra resistir la tentación de comer una porción de pastel.

También es importante, dicen los psicólogos, llevar una lista de control que muestre cómo va a mejorar nuestra vida una vez que alcancemos las metas.

Y permitirse pequeñas recompensas a lo largo del proceso para mantener los niveles de motivación.

4. Plantearse objetivos alcanzables

Los psicólogos no se cansan de repetir esta máxima: las resoluciones tienen que ser alcanzables. Objetivos a la medida de nuestras posibilidades y cuya consecución sea medible y verificable.

Snacks

Ponerse la meta de correr una maratón este año, por ejemplo, puede ser demasiado para alguien que no tiene experiencia previa en correr. Mientras que el vago propósito de “ponerse en forma” puede ser difícil de medir.

“Quizá es más efectivo comenzar diciendo ‘voy a ir al gimnasio una vez por semana’ y luego incrementarlo a dos veces”, aconseja Wiseman.

Y es importante ser realista: para aumentar las chances de éxito, es mejor elegir un objetivo en el que concentrarse de manera exclusiva, más que tener un montón de resoluciones que intentemos conseguir en simultáneo.

5. Entender los disparadores

Es importante conocer cuáles son los catalizadores de las viejas conductas que queremos cambiar, para poder evitarlos si queremos desarrollar hábitos más saludables.

Cigarrillo partido en dos y aplastado

Pueden ser medidas sencillas, como no tener galletas en la casa si eso es lo que nos tienta para abandonar la dieta. O entender cuáles son los disparadores del estrés que nos lleva a desear un cigarrillo y atentan contra la resolución de dejar de fumar.

Además, los expertos señalan que es posible crear nuevos disparadores que desencadenen nuevas conductas, más sanas y a tono con lo que nos hemos propuesto cambiar.

“Por ejemplo, se puede establecer que cuando empieza el programa de noticias de la tarde en la TV es el momento en que vamos al gimnasio y asociar así ambas cosas para crear nuevos hábitos”, apunta Wiseman.

Fuente:
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LAS CONSECUENCIAS DEL PECADO DEL LÍDER (parte 2)

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Tres sugerencias prácticas. (1) Necesitas hacer limpieza. Si vas a la Biblia y lees el relato de la consagración original al sacerdocio de Aarón y sus hijos en Levítico capítulo 8, vas a encontrar que se ponía muchísimo cuidado en la limpieza y purificación personal del candidato y en su consagración a este ministerio. En Levítico 8:6–7 leemos de la consagración de Aarón y de sus hijos al ministerio sacerdotal. “Acto seguido, Moisés hizo que se acercaran Aarón y sus hijos, y los lavó con agua. A Aarón le puso la túnica y se la ciñó con la faja; luego lo cubrió con el manto, y encima le puso el efod, ciñéndoselo con la cinta del mismo”. La limpieza, el lavamiento y las vestimentas limpias fueron el primer paso en el proceso de consagración. ¿Qué es limpieza? ¿Qué es lavamiento? El lavamiento es un proceso que separa el cuerpo de la persona de aquello que lo ensucia. Alguien se ensucia las manos y usa jabón para ello. ¿Para qué? A fin de sacar de sus manos la suciedad.

Ahora, a lo mejor tú te dices: “¿No es la limpieza una tarea que Dios debe hacer?” No, la limpieza no es responsabilidad de Dios, sino del ser humano. Pablo dice: “Purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu (una acción externa), para completar en el temor de Dios la obra de nuestra santificación (una acción interna)” (2 Co. 7:1). Santidad significa integridad, y no puedes ser íntegro, sano y libre para servir al Señor, si hay mugre en tu carne o en tu espíritu. Pablo nos exhorta a que debemos limpiarnos totalmente (el verbo está en aoristo). De una vez por todas nos debemos alejar de todo aquello que nos contamina o de todo aquello que no es limpio delante de Dios. No debemos ir a Dios a pedirle que él lo haga. Él no hace este tipo de cosas. Él no va a limpiarnos y mucho menos si nos estamos dispuestos a ser limpios. Hay ciertas cosas que Dios hace que nosotros no podemos hacer. No tenemos parte alguna en la obra de nuestra salvación; nuestra redención es totalmente la obra de Dios, sólo él puede salvarnos. Pero Dios nunca hace lo que el ser humano puede hacer. Si tú y yo, como sacerdotes de Dios, queremos vivir una vida que sea digna de la vocación con que fuimos llamados, debemos limpiarnos.

Seamos honestos delante de Dios. ¿Hay en tu vida algún hábito que no es agradable a los ojos de Dios? ¡Deshazte de él! ¿Hay en algún rincón de tu casa revistas o videos pornográficos? ¡Quémalos! ¿Estuviste usando dinero de la iglesia para cuestiones personales¿ ¡Devuélvelo tan pronto como puedas! ¿Estás manteniendo una relación adulterina con alguien? ¡Termina con eso ya! Tú y yo debemos separarnos de todo lo malo y de lo que es dudoso. No debemos permitir que nada interfiera en nuestra vida espiritual y en nuestro servicio consagrado al Señor. Dios te llamó a ser lámpara; no permitas que el cristal de tu vida pierda transparencia con el tizne sucio del pecado. Quieres que Dios bendiga y fructifique tu ministerio, entonces renuncia al pecado en tu vida. Lava todo tu ser en la sangre de Jesús; límpiate de inmundicia en el agua viva del Espíritu Santo.

Además, amado consiervo o consierva, no permitas que tu pecado se transforme en una piedra de tropiezo en la vida de otros, incluso aquellas cosas que a ti no te parecen mal. Pablo es bien claro en cuanto a esto. Él dice que prefiere hacerse vegetariano si el comer carne que fue ofrecida a los ídolos puede hacer que otro hermano tropiece. Nuestro Señor dijo que sería mejor atarse una piedra de molino al cuello, que ser piedra de tropiezo al más pequeñito de sus hijos. Algo puede parecerte perfectamente correcto, pero debes preguntarte qué efecto puede tener ello en la vida de un hermano o hermana débil o inmaduro. Puedes decir: “Voy a vivir mi vida como se me da la gana.” Sí, tienes derecho a ello, pero sólo si fueses Robinson Crusoe y vivieras en una isla solitaria en medio del océano. Pero no es así contigo ni conmigo.

Además de limpiarte de aquello que interfiere con tu vida espiritual y de servicio, y de deshacerte de lo que pueda escandalizar a tu hermano o hermana débil en la fe, es necesario que pongas fin a todo aquello sobre lo que tienes dudas. El principio más seguro para la limpieza espiritual es deshacernos de las cuestiones dudosas. La Biblia dice que “todo lo que no se hace por convicción es pecado” (Ro. 14:23). Si hay algo en tu vida sobre lo cual no estás seguro que agrade al Señor, sácalo inmediatamente de tu corazón, renuncia a ello ya. No permitas que la duda estacione en tu ser interior un pecado, que luego crezca y se transforme en una pesadilla que te quite poder y autoridad en tu ministerio.

(2) Necesitas hacer reparación. La segunda cosa que debes hacer para poner fin al pecado en tu vida es hacer reparación. Dios es muy insistente en cuanto a la necesidad de que se haga reparación por el pecado cometido. En uno de los sacrificios del Antiguo Testamento, la ofrenda por las transgresiones, la persona que había cometido alguna falta o pecado por yerro, cuando hacía reparación por su pecado, tenía que añadir a lo que ofrecía la quinta parte de la ofrenda (ver Lv. 5:16). El pecado no es buen negocio. El pecado jamás rinde buenos dividendos y termina siendo extremadamente costoso. No esperes recibir en tu vida y ministerio ninguna bendición espiritual si en ellos hay pecado. Si en tu vida hay cosas que necesitan ser cambiadas, no te hagas ilusiones de recibir nada del Señor hasta que renuncies a esas cosas. Tus pecados no confesados siguen produciendo su interés en tu vida y aumentando tu deuda delante de Dios. Las áreas de tu vida que pusiste bajo el control de Satanás, si nunca renunciaste a los pactos y compromisos que hiciste con él, siguen en sus manos, y el diablo a la corta o a la larga te va a pasar la factura. Arregla tus cosas. Líder, te esforzaste no para glorificar a tu Señor sino para aumentar tu prestigio y poder. ¿Hiciste reparación por ese pecado? Pon tu vida en orden. Devuelve lo que robaste. Sana al que heriste. Pide perdón a quien ofendiste. Haz reparación por tu pecado. Si no lo hiciste hasta ahora, tu deuda sigue en pie y está delante del Señor. Y él no puede utilizarte como sacerdote ungido, hasta que no hagas reparación por tus pecados.

Ahora, quizás digas que esto es muy costoso. ¡Por supuesto que es costoso! Cuando te metiste en el pecado ya sabías que el pecado es costoso y que por más que te hagas el distraído tarde o temprano llega el momento en que hay que pagar. Pero te aseguro que a menos que pagues tu deuda no vas a quedar libre ni vas a ser sanado, y mucho menos, podrás ser un instrumento digno de ser utilizado por el Señor con poder y autoridad. Él te quiere sano, libre y limpio. Él quiere que de veras seas un sacerdote ungido por su Espíritu Santo y lleno de frutos para su gloria. Sinceramente creo que lo que está impidiendo a muchos recibir la bendición de Dios es que no están dispuestos a deshacer el daño que han cometido en el pasado contra sí mismos, contra otros o contra Dios. No te olvides de lo que Jesús dijo con meridiana claridad: “Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar,” porque Dios no la va a aceptar. “Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda” (Mt. 5:23–24). Si quieres ofrecerle al Señor la ofrenda de tu vida en servicio, haz primero reparación por tu pecado. Necesitas hacer reparación.

(3) Necesitas hacer ofrenda. El sacerdote ungido que pecaba debía hacer al Señor una ofrenda por el pecado cometido. Una vez que había hecho toda la reparación posible por su pecado, debía venir y presentar una ofrenda quemada. ¿Qué era esto? Si alguna vez estudiaste en detalle los diferentes tipos de ofrendas en el Antiguo Testamento, sabrás que esta ofrenda era la única en la que el animal inmolado era colocado entero sobre el altar. En el caso de las demás ofrendas, el sacerdote se quedaba con una parte, o el oferente guardaba algo, o se guardaba una porción para el Señor. Pero en el caso de la ofrenda quemada, todo el animal era puesto sobre el altar y era consumido totalmente por las llamas. ¿Qué significa esto? Simbólicamente, esto significa que quien ofrecía la ofrenda ponía toda su vida sobre el altar, con todas sus facultades, emociones, talentos, voluntad, sueños y oportunidades. Todo el ser era colocado sobre el altar y consumido por el fuego de la consagración para la gloria de Dios. Esto es lo que el apóstol estaba pensando, cuando decía: “Tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios” (Ro. 12:1). Pero la única manera de presentar esta ofrenda y de hacer este sacrificio es si primero hay limpieza y luego la determinación de hacer reparación. Cuando limpiamos nuestra vida de la escoria del pecado y permitimos que el Espíritu sane y libere nuestra vida por la reparación que hacemos, entonces estamos en condiciones de ofrecernos a Dios como ofrenda quemada.

Hay algo más. Cuando se consagraba a un sacerdote ungido, según Levítico 8, se lo purificaba con agua y se lo vestía de las vestiduras sacerdotales, se lo ungía con el aceite de la unción, se ofrecía la ofrenda quemada del becerro de la expiación, se presentaba y quemaba totalmente el carnero del holocausto, luego se ofrecía el carnero de las consagraciones, y finalmente el canastillo de los panes sin levadura. Es interesante notar lo que se hacía con la sangre del carnero de las consagraciones. En Levítico 8:23, leemos: “Moisés lo degolló, y tomando un poco de la sangre, se la untó a Aarón en el lóbulo de la oreja derecha, en el pulgar de la mano derecha y en el dedo gordo del pie derecho.” ¿Por qué se hacía esto con el sacerdote ungido? Estos gestos eran para mostrar al sacerdote y al pueblo que el siervo de Dios debía ser alguien con todo su ser apartado para el Señor y su servicio. El sacerdote ungido es alguien cuyo oído está absolutamente atento a la palabra de Dios, de modo que no presta oído a cosa alguna que no sea limpia, verdadera, honesta, justa, pura, amable y de buen nombre. Sus manos están ungidas para hacer lo recto delante de Dios; son manos santas que bendicen, sanan, consuelan, expresan amor y ternura; son manos que se alejan de tocar lo inmundo, sucio y corrompido; son manos que no aplauden a los que hacen lo malo ni se unen en yugo desigual con aquellos que son incrédulos y están en tinieblas. Los pies del sacerdote ungido siguen presurosos al Señor, andan en sus caminos, van allí donde él lo necesita, y no transitan en el consejo de los malos ni están en el camino de los pecadores. Cada parte y todo el ser del sacerdote ungido están totalmente consagrados al servicio de Dios.

¿Quieres ser un sacerdote ungido, a quien el Señor utilice para su gloria con una visión renovada? Es necesario que ahora mismo comiences tu proceso de limpieza y de separación de todo aquello que está contaminando tu vida. ¿Vas a hacerlo en este momento? ¿Vas a tomar la decisión, por la gracia de Dios, de permitir que el Espíritu Santo purifique tu vida y quite la escoria del pecado que te oprime? ¿Vas a hacer toda la reparación que puedas por tus pecados pasados que han afectado a otros? Cada vez que pecaste, estuviste hiriendo a alguien. ¿Vas a tomar tu vida en esta hora, con todas sus posibilidades, talentos, habilidades, pericias, dones, y la vas a poner absoluta y totalmente a disposición del Señor, para que él la utilice como él quiera? ¿Estás listo para hacer esto ahora? Si lo haces, él aceptará tu ofrenda y vas a poder vivir una vida y cumplir un ministerio que sean dignos de él.

Fuente:

Pablo A. Deiros, Liderazgo Cristiano, Formación Ministerial (Buenos Aires: Publicaciones Proforme, 2008), 72–76.

LAS CONSECUENCIAS DEL PECADO DEL LÍDER (parte 1)

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El capítulo 4 de Levítico comienza con el caso del sacerdote ungido que peca. ¿Por qué? ¿Por qué el pecado del sacerdote ungido es el primer problema de pecado que se presenta? Porque evidentemente es el más importante y el de mayores consecuencias. ¿Eres consciente de cuán terrible es el pecado en la vida del siervo o la sierva del Señor? Quizás no haya diferencias en cuanto al hecho pecaminoso en sí, pero sí hay una gran diferencia en cuanto a las consecuencias. El pecado del empleador es de consecuencias más graves que el pecado del empleado; las consecuencias del pecado del funcionario de gobierno son más graves que las de los pecados de los gobernados; el pecado del misionero es mucho más grave en sus consecuencias que el pecado de los recién convertidos nativos. ¡Qué terrible es en sus consecuencias el pecado del siervo o la sierva del Señor!

El pecado del líder afecta al pueblo creyente. ¡Cuánto daño puede causar el pecado del líder ungido en el pueblo que está bajo su cuidado y liderazgo! La Biblia de las Américas y otras versiones traducen Levítico 4:3 de esta manera: “Si el que peca es el sacerdote ungido, trayendo culpa sobre el pueblo…” El pueblo de Dios termina sufriendo las consecuencias del pecado del siervo ungido. Jeremías se lamenta, diciendo: “los profetas profieren mentiras, y los sacerdotes gobiernan a su antojo; ¡y mi pueblo tan campante!” Y se pregunta: “¿qué van a hacer ustedes cuando todo haya terminado?” (Jer. 5:31). Líder, si estás guardando un pecado que te domina, ¿qué va a pasar con tu iglesia? Amas a tu iglesia, pero la Biblia es bien clara cuando afirma que “será el pueblo como el sacerdote” (Os. 4:9, RVR). Sí, ésta es la tragedia que ocurre cuando hay pecado en la vida del líder del rebaño. Este pecado no sólo afecta al siervo o la sierva en lo personal, sino que tiene nefastas consecuencias sobre el pueblo de Dios.

El pecado del líder afecta a quienes están en contacto con él. El pecado del líder no sólo afecta al pueblo del Señor por el que es espiritualmente responsable. Este pecado afecta también a todos aquellos que toman contacto con el siervo o la sierva del Señor. Ninguno de nosotros puede pecar solo; el pecado siempre afecta a algún otro ser humano. Tu vida está permanentemente ejerciendo una influencia directa o indirecta, consciente o inconsciente, sobre cada persona que se cruza en tu camino. Si como sacerdote de Dios, como alguien que profesa ser un hijo o hija de Dios, pecas, vas a hacer más difícil a otras personas entender y aceptar el camino de Dios para sus vidas. Quizás piensas que si pecas en lo secreto, nadie va a enterarse y en consecuencia, nadie va a escandalizarse. El pecado queda entre tú y Dios. Pero la Palabra dice que tarde o temprano el pecado nos alcanza, y que no hay pecado oculto que no haya de ser manifestado. ¡No sigas pecando, líder, porque Dios te va a bajar los pantalones o tu falda, y quedará expuesta la vergüenza de tu pecado! En Jeremías 13:26–27, dice el Señor: “¡Yo también te alzaré las faldas hasta cubrirte el rostro y descubrir tus vergüenzas! He visto tus adulterios, tus relinchos, tu vergonzosa prostitución y tus abominaciones, en los campos y sobre las colinas.” ¡Arrepiéntete! ¡Vuélvete al Señor y abandona tu pecado!

El pecado del líder afecta al Señor mismo. El pecado del líder ungido afecta al Señor mismo, porque este pecado contrista al Espíritu Santo que mora en él o ella. Jamás vas a contristar a un enemigo. A un enemigo lo vas a enojar o lo vas a desafiar. Sólo se puede contristar a alguien que te ama. Y cuanto más profundo sea este amor, tanto más dolor producirá tu pecado en el corazón de quien te ama. Querido líder, si hay pecado en tu vida, ¡deja de entristecer al Espíritu Santo! No sometas más a tu Señor a la vergüenza, al martirio del dolor por tu desobediencia, a la aflicción de ver que tomas en poco la sangre de Jesús, a la frustración de sentir que sus llamadas de atención y el gemido de su amor no encuentran eco en tu mente y voluntad. ¡Basta de pisotear la cruz de Cristo y de tener en poco su sangre! ¡Arrepiéntete! ¡Vuélvete al Señor y abandona tu pecado!

SOLUCIONES

Quizás en este momento te estés preguntando: “¿Qué puedo hacer?” ¿Cuál es la solución para el problema del pecado sacerdotal en mi vida? Tengo una pregunta muy seria para plantearte y tres sugerencias prácticas para darte.

Una pregunta seria. Antes que nada, quiero plantearte de manera directa una pregunta seria y quiero que la respondas ahora mismo: ¿estás de veras deseoso de deshacerte de tu pecado y de ponerle fin a la práctica de ese pecado por amor a Jesús? ¿Estás deseoso de sacar de tu vida todo aquello que te impide ser el siervo o la sierva que Dios quiere que seas? ¿Estás preparado para confrontar ahora mismo todo aquello que el Espíritu Santo te revele como pecaminoso en tu vida? Quizás digas: “Hasta donde me consta, creo que todo está bien en mi vida.” Sí, quizás sea así. Pero el versículo anterior a nuestro texto dice: “Cuando alguien viole inadvertidamente cualquiera de los mandamientos del Señor, e incurra en algo que esté prohibido” (Lv. 4:2). La Biblia de las Américas traduce: “Si alguien peca inadvertidamente,” y la Versión Popular dice “involuntariamente.” Probablemente, antes de leer estos párrafos pensabas que ese pecado oculto no estaba mal. Pero el Espíritu Santo te ha estado redarguyendo de pecado y ha crecido en tu corazón la convicción de que esa práctica, ese hábito, esos pensamientos, ese lugar que sueles frecuentar, esas relaciones que mantienes, son pecados. Quizás pensaste antes que no había nada de malo en esas acciones y actitudes. Pero ahora el Señor te está diciendo que tu posición como sacerdote ungido es incompatible con esos pecados. Entonces, ¿qué vas a hacer? Esta es la cuestión: ¿estás dispuesto a desligarte de todo pecado y maldad en tu vida? ¿Estás dispuesto a renunciar y a despojarte de todo el pecado que te asedia?

Fuente:

Pablo A. Deiros, Liderazgo Cristiano, Formación Ministerial (Buenos Aires: Publicaciones Proforme, 2008), 71–72.

LA NECESIDAD CREA SALIDAS: La historia de las tarjetas de crédito/débito

Carrito de compras con tarjetas.Los expertos coinciden en que cada vez usamos menos dinero en efectivo y más tarjetas para comprar.

Las tarjetas de débito y crédito son hoy la forma más popular de pago en el mundo desarrollado, donde el plástico está reemplazando al efectivo gracias a nuevas tecnologías que facilitan su uso.

En Estados Unidos una encuesta de Gallup de 2016 mostró que solo el 24% de los estadounidenses usa efectivo para pagar la mayoría de sus gastos.

Y en Reino Unido los pagos con tarjeta superaron a los hechos con billetes por primera vez en 2014, una tendencia que siguió creciendo desde entonces, según la asociación Payments UK.

El caso extremo es el de Suecia, donde apenas el 1% del valor de todas las transacciones realizadas en 2016 se hizo con efectivo.

Los expertos coinciden en que el creciente uso de las tarjetas se debe, en parte, a la popularidad de los pagos contactless -o sin contacto– que permiten usar los plásticos apoyándolos sobre un lector, sin necesidad de firmar o ingresar un número de PIN.

Pero esta tecnología -y otras formas de pago todavía nacientes, como Apple Pay o Android Pay, que permiten pagar usando el celular- son apenas la punta del iceberg.

Lo que realmente permitió que el uso de tarjetas se hiciera masivo y destronara a los billetes fue un invento muy anterior, pero que revolucionó al mundo: la tarjeta con banda magnética.

Tarjeta en un bolsillo.Esa banda negra en el reverso de tu tarjeta es lo que hizo que el uso de los plásticos se disparara.

Engorroso

Antes de que Forrest Parry inventara la tarjeta con banda magnética, en 1960, el uso de plástico como forma de pago era bastante engorroso.

El concepto había nacido diez años antes, gracias al estadounidense Frank McNamara, fundador -junto con Ralph Schneider- de Diners Club, la primera compañía de tarjetas de crédito del mundo.

Según la empresa, a McNamara se le ocurrió crear la tarjeta casi por accidente.

“Todo empezó con una billetera olvidada”, explica el sitio oficial de Diners Club.

La historia cuenta que McNamara, un empresario, salió a cenar en Nueva York una noche de 1949 y casi se murió de la vergüenza cuando, a la hora de pagar, debió llamar a su esposa para que viniera a rescatarlo ya que había salido sin su billetera.

Poco después volvió al restaurante -el Major’s Cabin Grill- con su socio Ralph Schneider y propuso pagar con una pequeña tarjeta hecha de cartón, en lo que pasaría a conocerse como la “Primera Cena” que abrió el camino a la multimillonaria industria de las tarjetas.

Logo de Diners ClubDiners Club, creada en 1950, fue la primera tarjeta de crédito.

Pero volviendo a Forrest Parry, hasta que su invento vio la luz el uso de tarjetas de crédito requería de mucha paciencia.

El comerciante debía llamar a su banco, que a su vez llamaba a la compañía de tarjetas de crédito que debía revisar manualmente el nombre y el balance de la cuenta del dueño de la tarjeta.

Por eso, la incorporación de la banda magnética que permitió computarizar el sistema y dio un impulso enorme a la industria, según Tim Harford, autor de la serie de la BBC “50 cosas que hicieron la economía moderna”.

La plancha

Sin embargo, la invención de Parry no hubiera sido posible sin la ayuda de su esposa.

El almacenamiento magnético había sido desarrollado durante la Segunda Guerra Mundial y en los años 50 expertos como el británico Alan Turing crearon las bases de datos informáticos.

El paso siguiente lo dio IBM, que logró codificar información y colocarla en una cinta magnética.

Forrest Parry era un ingeniero que trabajaba para IMB en Minnesota, EE.UU., y quería aprovechar esa tecnología y usarla para las tarjetas de crédito, agregándole la banda magnética al plástico.

Pero no encontraba la manera de adherirla. Probó todo tipo de pegamento y ninguno funcionó.

Algunos no eran lo suficiente fuertes y la banda se salía. Otros eran demasiado corrosivos y dañaban la data en la cinta.

Una pareja se mira en la cocina mientras ella sujeta la plancha y él una pipa.La plancha inspiró a Dorothea Parry para ayudar a su marido.

Un buen día Parry, frustrado, volvió a su casa y encontró a su esposa Dorothea planchando. Ella le preguntó qué le ocurría y él le contó de sus intentos infructuosos.

Fue entonces que a ella se le ocurrió la idea de derretir la cinta sobre el plástico usando una plancha. ¡Funcionó! El calor era suficiente para unir ambos elementos sin dañar la información.

La incorporación de la banda magnética aceleró enormemente los plazos de las transacciones y abrió el camino para que el plástico se convirtiera en la forma favorita de pago de miles de millones de personas en todo el mundo.

El lado oscuro

Sin embargo, esta historia de éxito tiene una contracara: muchos estudios han comprobado que los seres humanos gastamos mucho más cuando podemos pagar con tarjeta en vez de usar efectivo.

Los expertos en comportamiento económico lo llaman “gasto sin fricción”: psicológicamente, al no usar billetes, no nos “duele” pagar con plástico.

Billetera con tarjetasMuchos desembolsamos más de lo que tenemos debido al efecto “gasto sin fricción” de las tarjetas.

Si a esto se le suma las campañas agresivas de los bancos y compañías de tarjetas de crédito para sumar a nuevos clientes, el combo ha sido muy perjudicial para muchos.

Solo en EE.UU. las deudas por tarjetas de crédito superaron los US$950.000 millones en 2016, según las cifras de la Reserva Federal.

Algunos temen que la tendencia empeore en el futuro, cuando las tarjetas sean reemplazadas por formas aún más sencillas de pago.

Además de las apps para celular -un sistema de pago aún incipiente- los expertos vaticinan que en el futuro cercano habrá nuevas tecnologías aún más increíbles.

El sitio CreditCards.com considera probable que en los próximos 50 años las bandas magnéticas y los chips de las tarjetas sean reemplazadas por un “identificador físico 100% a prueba de robos, como el patrón de las venas de tus manos o incluso tu ADN”.

Es ciertamente posible que los adolescentes de hoy nunca lleguen a usar una tarjeta de crédito“, señala el sitio, que se especializa en estos plásticos.

Mujer sostiene un celular y una tarjeta de crédito.Hoy ya se están empezando a usar celulares para pagar y algunos creen que dentro de poco las tarjetas podrían quedar tan obsoletas como el efectivo.

“Si la tecnología algún día torna obsoletas a las tarjetas de crédito, estas habrán cumplido con su misión de hacer que el intercambio de bienes y servicios sea lo más conveniente posible para el ser humano”, concluye.

En esto coincide Tim Harford, quien afirma que “es difícil imaginar la economía moderna sin las tarjetas de crédito”.

MOTIVACIÓN… lo que el líder debe saber (parte 2)

La jerarquía de Maslow: La ordenación de las necesidades motivacionales

Abraham Maslow, un psicólogo humanista, ordenó todas las necesidades motivacionales, partiendo por un nivel de necesidades básicas hasta llegar a las necesidades de orden superior, en una jerarquía (1954). En síntesis, este autor sostiene que antes de estar en condiciones de satisfacer necesidades más complejas y de orden más elevado, es preciso satisfacer determinadas necesidades primarias o más básicas.

Este modelo se ha concebido de acuerdo a la siguiente pirámide:

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Las necesidades básicas son las que se describieron como pulsiones primarias: necesidad de agua, alimento, sueño y sexo, entre otras. Para ascender por la jerarquía, una persona debe haber satisfecho estas necesidades fisiológicas básicas. Las necesidades de seguridad del segundo escalón son un ambiente seguro con el fin de funcionar con afectividad. Estos dos escalones conforman las necesidades de orden inferior. Maslow dice que solo cuando se han satisfecho las necesidades básicas de orden inferior puede una persona considerar la satisfacción de las necesidades de orden superior. El próximo escalón, amor y sentido de pertenencia, incluyen la necesidad de obtener y dar afecto y de contribuir como miembro en algún grupo o sociedad. Después que estas necesidades están cubiertas, la persona busca autoestima. Con esto Maslow se refiere a la necesidad de desarrollar un sentido de valía personal al saber que otros están conscientes de su capacidad y valor. La necesidad de más alto nivel es el de la autorrealización. Este es un estado de satisfacción consigo mismo en el que las personas desarrollan su máximo potencial.

La teoría de Maslow sostiene que los motivos superiores aparecen únicamente después de que los más básicos han sido ampliamente satisfechos. Un ejemplo de esto sería que si un hombre está hambriento, probablemente no le importe lo que la gente piense de sus modales en la mesa, o su dignidad o apariencia al pedir limosna en la calle. Pero aunque este modelo es atractivo por la organización de la amplia variedad de motivos que hay, poniéndolos en una estructura coherente, la investigación reciente ha hecho que muchos psicólogos se muestren escépticos con respecto al modelo de Maslow. En 1991 Neher señalaba que en distintas sociedades más sencillas, con frecuencia las personas tienen gran dificultad para cubrir sus necesidades fisiológicas y de seguridad, pero son capaces de formar poderosos lazos sociales y poseen un firme sentido de autoestima. En realidad, indica Neher, la dificultad para cubrir necesidades inferiores puede fomentar la satisfacción de necesidades superiores, como cuando una pareja que lucha por establecer una familia hace sacrificios para lograrlo, acercándose cada vez más a su meta como resultado de la experiencia. Además, hay investigaciones que indican que los hombres necesitan tener un firme sentido de su propia identidad (y por ende, un alto grado de autoestima), antes que puedan establecer la clase de relaciones cercanas con otros que satisfacen la necesidad de pertenencia.

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La motivación y las emociones

La relación que tiene la motivación con la emoción, es que las emociones pueden motivar nuestro comportamiento y también reflejan nuestra motivación subyacente.

Como los motivos, las emociones también activan y afectan la conducta, aunque es más difícil predecir la clase de conducta que provocarán. Si una persona está hambrienta, podemos asegurar de manera razonable, que buscará alimento. Sin embargo, si esta misma persona experimenta un sentimiento de alegría o sorpresa, no podemos saber, con certeza, cómo se comportará.

 

Ricardo Crane, “¿QUÉ NOS IMPULSA EN LA VIDA?: MOTIVACIÓN,” in Psicología: Conceptos Psicológicos Prácticos Para El Obrero Cristiano, ed. Ricardo Crane and Felipe Cortés (Miami, Florida: Editorial Unilit, 2003), 167–170.

IMPORTANTE PARA UN LIDER CRISTIANO

Sabiduría

También lo es su sabiduría. Entre los hombres suele haber cierta separación entre el conocimiento y la sabiduría (1 Corintios 12:8), pero no en Dios (cf. Romanos 11:33). Algunos hombres acumulan un gran cuerpo de conocimientos y se hacen expertos en determinadas disciplinas académicas, pero no son necesariamente muy sabios. Otros son sabios, pero carecen de muchos conocimientos, por lo cual su sabiduría es limitada. Pero, puesto que Cristo tiene todos los tesoros del conocimiento, las riquezas de su sabiduría son también inagotables. La sabiduría es la habilidad de aplicar el conocimiento en situaciones concretas de tal forma que saquemos el provecho más amplio.7 Si nuestro conocimiento es limitado, nuestra sabiduría no puede ser más que parcial. Pero la omnisciencia de Cristo conduce a una sabiduría perfecta. De hecho, él es la sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24).

Por supuesto, los falsos maestros de Colosas ofrecían a sus seguidores abundante «conocimiento» para que pudieran alcanzar verdadera «sabiduría». Ya hemos visto que los colosenses estaban en peligro de dejarse seducir por estas ideas y de intentar buscar la sabiduría en los misterios y conocimientos esotéricos de la herejía. Sin duda, los herejes enseñaban que ellos mismos tenían acceso a un entendimiento que sobrepasaba con mucho todo lo que se hallase en las páginas de la revelación divina.8 No, dice Pablo. Los tesoros de la sabiduría y el conocimiento no están repartidos entre los diferentes señores celestiales, sino que todos están concentrados en una sola persona: Jesucristo.9 Quien tiene a Cristo tiene acceso a todo entendimiento espiritual. No hace falta acudir a nadie más.

Los colosenses no necesitan ni deben buscar otra fuente de felicidad y santidad fuera de Cristo. ¿Se jactan los falsos maestros de su sabiduría y conocimiento? ¿Se glorían en los ángeles? Ni hombre, ni ángel, ni ninguna otra criatura tiene algo que ofrecer que no pueda ser hallado en Cristo en un grado infinitamente superior y en una esencia incomparablemente más sublime.10

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Tesoros

Pero lo grande de todo esto es que Cristo pone a nuestra disposición los recursos de su sabiduría y conocimiento. Los que le sirven a él con fidelidad llegan a ser no ya sus siervos, sino sus amigos; y a éstos les dice: Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre (Juan 15:15). Nos revela todo lo que necesitamos saber para caminar en santidad por la vida, todas aquellas verdades del evangelio que son necesarias para la salvación y la vivencia (2 Pedro 1:3). Si nos falta sabiduría o percepción espiritual, nos las da en abundancia (Santiago 1:5). Tanto la sabiduría como el conocimiento de Cristo nos son suministrados por obra del Espíritu (1 Corintios 11:8).

Y, verdaderamente, tales conocimientos son auténticos «tesoros». Basta con considerar la situación penosa de muchos de nuestros contemporáneos (que no tienen ni idea de por qué están aquí, de cuál es el sentido de la vida, de cuál es su destino y de cómo acabarán) como para darnos cuenta del inmenso privilegio nuestro de haber recibido la revelación de Dios en Cristo. Pablo mismo no dejaba nunca de maravillarse ante la gloria de esta revelación: acaba de hablar de «riquezas» (2:2); ahora habla de «tesoros».

 

David F. Burt, Cristo En Vosotros: Colosenses 1:24-2:19 (Barcelona: Publicaciones Andamio, 2006), 70–72.

 

____________________

7 Hendriksen, pág. 123. Varios autores (por ejemplo, Erdman, pág. 64) señalan que no es fácil determinar la distinción exacta entre el uso paulino de «conocimiento» y «sabiduría». Abbott, pág. 243, sugiere que el conocimiento es «intuitivo», mientras que la sabiduría es «reflexivo»; es decir, que el conocimiento es la verdad aprehendida, mientras que la sabiduría es la verdad procesada por el raciocinio.

8 MacDonald, pág. 964.

9 En Romanos 11:33, las riquezas de la sabiduría y del conocimiento pertenecen a Dios, lo cual viene a ratificar el carácter divino de nuestro Señor Jesucristo.

10 Hendriksen, págs. 122–123.

MOTIVACIÓN… lo que el líder debe saber (parte 1)

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Explicaciones de la Motivación: Distintos enfoques

Aunque el tema de la motivación es complejo y hay enfoques biológicos, cognitivos, y sociales, todos buscan explicar la energía que guía al comportamiento de las personas en direcciones específicas. A continuación serán presentadas una síntesis de los principales hallazgos relacionados con la motivación, específicamente se hará una apretada referencia a las principales teorías o modelos explicativos en torno a cómo se genera la motivación.

Somos motivados por instintos

La teoría de los instintos dice que la motivación es el resultado de un patrón innato de comportamiento, determinado biológicamente en lugar de ser aprendido. Los seres humanos y los animales nacemos dotados de diversos conjuntos de comportamientos preprogramados, esenciales para la supervivencia. Así, el instinto de reproducción lleva al sexo, y el instinto de examinar el territorio propio lleva a la conducta exploratoria. Freud sostuvo que las pulsiones instintivas del sexo y la agresividad motivan el comportamiento. Este punto de vista era sostenido por la mayoría de los psicólogos al comienzo del siglo XX. Sin embargo no se podían poner de acuerdo en cuanto a cuáles son los instintos primarios y llegaron a catalogar hasta 5.759 instintos. Esto pareciera que solo facilitaba la rotulación del comportamiento.

La concepción de la motivación basada en los instintos ha sido desplazada por nuevas explicaciones más elaboradas.

Somos motivados por satisfacer nuestras necesidades

Este modelo afirma que se producen pulsiones para satisfacer nuestras necesidades biológicas básicas. Si no satisfacemos la necesidad de sed, por ejemplo, se produce la pulsión de sed. Una pulsión es una tensión motivacional, o excitación, que energiza al comportamiento con el fin de satisfacer alguna necesidad. Hay pulsiones primarias, que están relacionadas a las necesidades biológicas del cuerpo, tales como el hambre, la sed, el sueño, y el sexo. Y hay pulsiones secundarias que se generan a través de las experiencias previas y el aprendizaje. Por ejemplo, si una persona tiene una gran necesidad de obtener éxito, se diría que su necesidad de logro se refleja en una pulsión secundaria que motiva su comportamiento.

Se habla de «reducción de pulsiones» en esta perspectiva por el concepto de la homeostasis. La homeostasis es ese proceso por el que un organismo trata de mantener un equilibrio biológico interno, o «estado estable». Mientras más lejos se está del nivel óptimo, o se altera el estado de satisfacción, producto del hambre, por ejemplo, entonces ello llevará a que más pulsiones de hambre se originen. El organismo, por lo tanto, se energiza o motiva como un todo para reducir esas pulsiones y mantener un estado satisfactorio.

El problema con esta teoría es que no explica todas las motivaciones. Hay motivaciones que en vez de reducir una pulsión, mantienen o aumentan un determinado nivel de excitación. Por ejemplo, hay comportamientos que son motivados por la curiosidad. Te excitas por recoger el correo, por ir a conocer un lugar al cual nunca has ido, o por indagar más sobre un chisme que corre por ahí. El que busquemos emociones realizando actividades tales como subir a la montaña rusa o navegar en balsa por los rápidos de un río no se explica por la teoría de reducción de pulsiones. En los casos previamente reseñados, la motivación parece estar en aumentar el nivel general de estimulación y actividad.

Somos motivados por la excitación

El enfoque de la motivación relativo a la excitación se refiere a la creencia de que tratamos de conservar determinados niveles de estimulación y actividad, aumentándolos o reduciéndolos, según se requiera. El nivel óptimo de excitación deseado varía en cada persona, por ello es que algunas personas intentan evitar el aburrimiento buscando situaciones de desafío, constituyéndose estos en los motivadores.

Somos motivados por incentivos

El enfoque de la motivación por incentivos presta atención a los estímulos externos mientras que el de las pulsiones presta atención a estímulos internos. El postre que traen a la mesa, después de una abundante cena, probablemente no resulta tan atractivo para reducir la pulsión de hambre ni por el mantenimiento de la excitación. Por tanto, también somos motivados por incentivos externos que dirigen y energizan al comportamiento.

Algunos psicólogos han observado que los organismos buscan satisfacer necesidades incluso cuando los incentivos no son evidentes. De ahí que hayan concluido que las pulsiones internas y los incentivos externos trabajan conjuntamente para «empujar» y «atraer» al comportamiento. Buscamos satisfacer nuestras necesidades de hambre subyacentes y a la vez somos atraídos por alimentos que parecen apetitosos en particular. Por lo tanto, en lugar de contradecirse entre sí, las pulsiones y los incentivos pueden funcionar de manera conjunta para motivar al comportamiento.

Somos motivados por nuestros pensamientos

El enfoque cognitivo de la motivación se centra en el papel que desempeñan los pensamientos, las expectativas y la comprensión del mundo. Desde un punto de vista cognitivo está la expectativa de que cierto comportamiento nos permitirá alcanzar una meta determinada. El otro punto de vista cognitivo se centra en la comprensión del valor que tiene para nosotros esa meta. La motivación que un estudiante tenga para prepararse para un examen estará determinado por su expectativa sobre la calificación que obtendrá, y del valor que le otorga el hecho de obtener una buena nota. Si la expectativa y el valor son altos, estará motivado para estudiar diligentemente.

Las teorías cognitivas de la motivación hacen una distinción entre motivación intrínseca y la extrínseca. La motivación intrínseca nos impulsa a participar en una actividad para nuestro propio gozo, y no por alguna recompensa tangible que se pueda derivar de ella. En contraste, la motivación extrínseca nos impulsa en una determinada dirección con el propósito de obtener una recompensa tangible. De acuerdo con investigaciones relativas a ambos tipos de motivación, somos más capaces de perseverar, esforzarnos y realizar trabajos de mejor calidad cuando la motivación para una tarea es intrínseca en lugar de extrínseca (Lepper y Greene, 1978; Deci y Ryan, 1985; Harackiewicz y Elliot, 1993). Algunos autores consideran que ofrecer recompensas para el comportamiento deseado puede provocar una disminución de la motivación intrínseca y un aumento de la extrínseca. Para demostrar este fenómeno, se le prometió una recompensa a un grupo de alumnos de jardín infantil si realizaban dibujos utilizando «marcadores mágicos» (una actividad para la que antes habían mostrado gran motivación). La recompensa sirvió para reducir su entusiasmo ante la tarea, puesto que más tarde mostraron mucho menor interés por dibujar (Lepper y Greene, 1978). Era como si la promesa de la recompensa debilitara su interés intrínseco en el dibujo, convirtiendo en un trabajo lo que antes había sido un juego.

 

Ricardo Crane, “¿QUÉ NOS IMPULSA EN LA VIDA?: MOTIVACIÓN,” in Psicología: Conceptos Psicológicos Prácticos Para El Obrero Cristiano, ed. Ricardo Crane and Felipe Cortés (Miami, Florida: Editorial Unilit, 2003), 163–167.

CONSEJOS ÚTILES PARA HACER DINERO CON TUS HOBBIES

Muchos de nosotros soñamos con convertirnos en nuestro propio jefe.

El objetivo es hacer lo que nos gusta todos los días. Pero, ¿cómo de difícil es transformar un hobby en un modelo de negocio exitoso? Estos son los consejos de tres mujeres creativas y exitosas:

1. Sé consciente de lo que vale tu producto

“Si quieres poner en marcha un negocio rentable debes tener claro cuánto quieres ganar al año”, dice Amy Phipps, directora de la asociación Women Who Create UK y de Super+Super, una compañía de artesanía británica. Una vez te has puesto un objetivo, deduce cuánto tienes que invertir para lograr beneficios.

“Para los talleres cobro una tarifa diaria pero también tengo en cuenta mis horas de trabajo. Eso sin olvidar lo que cuesta el material, el alquiler del estudio y lo que vale mi tiempo”. “Ah, y no olvides los gastos de envío. Si te equivocas y mandas tu producto a un lugar equivocado es probable que acabes ‘regalando’ tu trabajo”, explica Phipps.

2. Prepárate para dedicar la mayor parte de tu tiempo a tareas que no te gustan

Si crees que te vas a pasar el día haciendo cosas que te divierten, recapacita.

“Me encanta tejer y adoro diseñar”, confiesa Louise Walker, una emprendedora que puso en marcha un negocio de costura llamado Sincerely Louise. “En realidad, el tiempo que paso en la oficina lo dedico a otras tareas como publicar en redes sociales, mandar correos y solucionar asuntos burocráticos y financieros”.

“Me queda muy poco tiempo para dedicarlo a coser, que es lo que realmente me divierte y por lo que puse en marcha el negocio”, dice Walker.

3. Aumenta tu presencia en redes sociales (y sé auténtico)

“Aunque muchas de nosotras trabajamos solas desde casa, tenemos que estar conectadas”, dice Amy Phipps. Esta empresaria británica cree que las redes sociales son la clave para llegar a tu público objetivo, mostrar lo que haces y dejar que los clientes vean cómo trabajas.

“Mi perfil de Instagram y el uso real que hago de las redes sociales son importantísimos para las ventas y la relación con mis clientes. Creo que la gente quiere ver quién está detrás del negocio”.

“Aunque muchas compañías que fabrican en masa publican imágenes bonitas de sus productos, yo comparto fotos sudando en una clase de yoga, porque eso es lo que hago”, cuenta Phipps.

4. No te olvides del contacto personal con tus clientes

La presencia en redes sociales es muy importante, sí, pero no puede sustituir al trato personal. Hay que salir a la calle a conocer a tus clientes potenciales.

“En Brighton -ciudad del sur de Inglaterra donde puso en marcha su negocio- tengo una comunidad enorme de clientes que conocía el estudio, gente fantástica que venía a los talleres”, dice Phipps. Además, dice la empresaria, es necesario devolver los favores.

“Como ellos me ayudaron, yo también intento ir a todos los eventos que puedo”. Las ferias y los mercados, por poner dos ejemplos, son lugares indicados para crear una red de negocio.

“Busca en Google qué ferias se celebran en tu entorno y vete a comprar algo”, explica Tallie Maughan, directora del estudio de cerámica Turning Earth. “Ir a este tipo de eventos a comprar o vender algún producto te introducirá automáticamente en la comunidad, estarás rodeado de otros artistas y podrás obtener respuestas a preguntas como: ‘¿por cuánto podría vender esto?'”.

5. Necesitas un plan de negocio

“Odio hacer planes de negocio, admite Louise Walker, quien pasó largas horas elaborando estrategias comerciales para poder conseguir un préstamo.

“Aunque sentarse a escribir pueda parecer aburrido, es necesario que analices a tus competidores así como los lugares en los que vas a vender o no tus productos. Ver las cosas con perspectiva es muy útil”.

“Cuando terminas de redactar las 100 páginas de tu plan de negocio sabes todo sobre tu mercado”, dice Maughan.

Este tipo de investigación te proporcionará la seguridad que necesitas para trabajar.

“A pesar de que mucha gente considera que los emprendedores toman muchos riegos, lo cierto es que los que logran el éxito son investigadores brillantes capaces de confiar en su propio juicio”.

6. Desarrolla tus habilidades y aprende a organizarte

Aprovecha todos los recursos que te ofrezcan.

Muchos gobiernos y comunidades empresariales ofrecen cursos gratuitos de formación para emprendedores.

El gobierno me ayudó con mi plan de negocio”, dice Maughan.

“Bueno, en realidad varios asesores me lo hicieron pero yo aprendí a hacer hojas de cálculo, que son la base de mi negocio”, reconoce riendo.

Amy Phipps, por su parte, destaca la necesidad de guardar todos los recibos de forma organizada y las cuentas al día desde el principio.

“Honestamente, si no hubiese guardado todos los recibos estaría lamentándome. Fue lo que más me costó”.

Phipps utiliza desde hace tiempo un asistente de contabilidad en la nube y una aplicación móvil con la que digitaliza los recibos y clasifica las transacciones.

“Son una ayuda increíble”.

7. Búscate alguien en quien puedas confiar

Este es el consejo estrella de Phipps: encuentra una persona a la que puedas confiar los pormenores de tu negocio.Reúnete con ella una vez al mes y deja que analice los objetivos que te planteaste un mes antes.

“Es importantísimo. Como mi gato no va a decirme si estoy trabajando de la forma correcta o no, tengo a alguien que puede preguntarme cómo voy con ese proyecto”.

 

8. Olvídate de trabajar de 09:00 a 17:00

Dedicarte a lo que te gusta no es un trabajo, es una forma de vida.”Prepárate para sufrir. Los horarios normales no son para los emprendedores.El negocio consumirá todo tu tiempo”, dice Louise Walker.

“La diferencia es que lo haces porque te gusta. No dedicaría tanto tiempo a un negocio que no fuera mío. Como lo haces para ti mismo, te pones tus propias normas”.

 

 

LAS PRIORIDADES

Lo que acabamos de ver puede ser un sacudimiento que desequilibre nuestra existencia. Tal vez quisiéramos renunciar a todo y comenzar de nuevo, tratando de redimir (o aprovechar) el tiempo. Se nos plantea un serio conflicto, porque una balanza de precisión está ante nuestros ojos. Por una parte, quisiéramos ser líderes como Pablo, y por otra tememos comprometernos. Descubrimos, entonces, que la vida entra en una confusión, porque no sabemos cómo distribuir nuestro tiempo. Nuestras funciones seculares (no siempre el líder está a tiempo completo) están resentidas, porque nos parece que les destinamos demasiado tiempo; nuestro hogar se resiente por la ausencia del padre. Nuestra misma salud comienza a dar señales de deterioro con menos sueño y más pobreza en la vida espiritual. Planteos en el trabajo, planteos en la casa, planteos en la iglesia. El rebaño mira para un lado y para otro, está buscando a su pastor.
¡No hay tiempo para nada! es una frase repetida, y el problema parece no tener solución. Pero el tiempo se usa o se descarta, no se puede postergar. Redimir el tiempo es usarlo con Dios y para Dios, es enfrentarlo con el reloj suyo y usarlo sabiamente.

Primero: ¿Qué significa prioridad? El diccionario nos diría que es un sinónimo de precedencia, preferencia o preeminencia; es decir una indicación de orden y rango. Sin embargo, en la Biblia el criterio es un poco diferente. Cuando el texto dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende la ley y los profetas” (Mateo 22:37–40), no está queriendo decir que yo amo primero a Dios y en segundo lugar a mi prójimo, sino que mi responsabilidad de amar a Dios incluye también a mi prójimo. No son dos calidades de amor, sino una misma responsabilidad en la que Dios se menciona primero por ser tal. Hay una responsabilidad básica de amar y dos relaciones. Así lo leemos en Gálatas 5:14: “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, donde no se menciona al amor de Dios, pero ya hemos visto que así lo menciona el evangelio y afirmar una parte del mandamiento es confirmarlo totalmente. Este mismo principio encontramos en Romanos 13:8–9. Luego, verdaderamente, la prioridad es amar ante todo. Posteriormente veremos cómo llegar.

Segundo: ¿Cómo establece Dios la prioridad? El texto habla de: amar a Dios y al prójimo. Sabemos quién es Dios, porque es único, solo y verdadero (Juan 17:3), pero el prójimo, ¿es también uno solo? o ¿son muchos? En Romanos 13:8 que citamos más arriba leemos: “No debaís a nadie nada, sino el amarnos unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley”. Aquí “el prójimo” son todos los hermanos, todos aquellos distinguidos con la salvación que nos alerta para andar “de día” esperando el retorno de Cristo (vv. 11–12). Luego en Romanos 15:2 “Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación” otra vez vemos que no solamente es “soportar las flaquezas de los débiles” (v. 1), sino que también es tener “entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús” (v. 5).

Amar a mi prójimo es, entonces, aplicar el amor de Dios a todos los que me rodean. Este pensamientos es el que encierra Efesios 4:25: “Por lo cual desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros”. Donde Dios está, está también el amor y el amor es el vínculo perfecto (Colosenses 3:14).
La prioridad es amar a Dios sobre todas las cosas. Es lo mismo que leemos en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Cuando “las cosas” ocupan el lugar del amor, estamos pecando, y no hay bendición. Leemos en 1 Corintios 10:31: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”.

Estas consideraciones nos tranquilizan, porque cuando un líder tiene que atender a su hogar está también amando a Dios, tanto como cuando empleamos tiempo en la iglesia. Amar a mi señora y a mis hijos, es amar a mi prójimo como Dios manda. Alguno, debido al trabajo secular, tiene que abandonar momentáneamente algunas actividades, y se siente mal porque cree que está robando a Dios. Pero en su conciencia puede tener paz, porque no ha cambiado el amor a Dios por “las cosas”, sino que aun por ese medio está honrando a Dios; siempre que pueda aplicar la Escritura: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17).

Tercero: ¿De qué manera debemos aplicar las prioridades? En lugar de hablar o de insistir en que Dios está primero en la vida, es más coherente decir que es el centro de mi vida. Así lo dice el texto: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón …” (Mateo 22:37). para que nunca pueda salir de nuestra intimidad, y si lo hace ya no amamos más con el amor de Dios; “las cosas” ocuparon el centro.

Necesitamos, ahora, conocer como hacemos para que sea así en la vida práctica. Al leer la Biblia descubrimos que nos manda a realizar ciertas cosas. Ordenes tales como: “Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16); “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5); “orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17), que, al formar parte de nuestra relación con Dios, nos ayudan a comunicarnos sabiamente con él y entrar mejor en los secretos de su voluntad.

Luego, estamos en una sociedad que necesita conocer a Dios, y comenzamos a dar testimonio. El tema de ser “testigos” no solamente ocupó la mente de los apóstoles (Hechos 10:39–41), sino que debería ser preocupación de todos los cristianos, y muy especialmente de los líderes (1 Pedro 5:12). Si él ha querido que estemos en un trabajo, cumplamos con una tarea ineludible, pero con gozo.

 

Fuente:
Raúl Caballero Yoccou, El líder conforme al corazón de Dios (Miami, Florida: Editorial Unilit, 1991), 93–95.

LA IRA DEFENSIVA FRENA EL AVANCE

1. La agresividad ahoga la comunicación

Es difícil hablar acerca de asuntos espinosos que surgen en el trato normal de una relación cercana, aun cuando las dos personas estén abiertas y dispuestas a escuchar. Se requiere de un fino equilibrio entre dar y recibir, estirar y afl ojar. Pero cuando uno de ellos o ambos consideran que “dar” es equivalente a traición, la conversación rápidamente se torna belicosa y las buenas intenciones que pueda haber entre ambos se van al traste.

Lo más seguro es que alguien tenga que rendirse incondicionalmente para que la paz vuelva al hogar. Y ¿adivine quién es la persona que siempre levanta la bandera blanca de la paz? Correcto, no es la que está a la defensiva y con el rostro rojo de ira.

Con el tiempo, la familia y amigos se cansan de la derrota constante y sencillamente dejarán de hablar de asuntos difíciles. Esta es una verdad: cuando la comunicación comienza a fallar, se producen divisiones y las relaciones comienzan a deteriorarse.

El antídoto para resolver una división provocada por la agresividad es dejar que Dios con Su amor sanador produzca la reconciliación y luego estar dispuestos a compartir ese amor con los demás. La Biblia resume el poder restaurador del amor con estas palabras:

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1ª CORINTIOS 13:4–7).

Cuando deponemos nuestra actitud agresiva al relacionarnos con los demás, fluye con más facilidad la comunicación y las relaciones se hacen más fuertes y sanas.

2. La actitud defensiva exige rendición de cuentas

He aquí una verdad inamovible: Nadie es perfecto. Todos somos personas que estamos en proceso y aún nos falta mucho por crecer y aprender. Cada día es una nueva oportunidad para obtener madurez y sabiduría. Por esa razón, el mundo es nuestra aula y nuestros maestros más valiosos son las personas con quienes nos relacionamos. Son como espejos en los que nos reflejamos con mayor claridad. Las personas más cercanas a nosotros son, en diversas maneras, aquellas a quienes hemos de rendir cuentas por nuestras palabras y actos.

El problema con nuestra actitud agresiva es que lanza una cortina de humo al proceso. Evadimos nuestra responsabilidad y nos perdemos la oportunidad de aprender de nuestros errores. La sed de pelear puede alejar a la gente cuando pensamos que lo que quieren es herirnos, pero también nos perdemos la oportunidad de escuchar la corrección amorosa de Dios a través de aquellos a quienes Él puede usar para cambiarnos.

Salomón escribió: “El oído que escucha las amonestaciones de la vida, entre los sabios morará. El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento” (Proverbios 15:31–32). Ese es un gran consejo para cualquiera que usa la ira defensiva para no rendir cuentas a nadie de su actuar.

3. La actitud defensiva hace una montaña de cualquier grano de arena

A través de los años he aprendido a confi ar en la sabiduría profunda de este simple dicho: Escoge tus luchas con cuidado. Esto es muy cierto cuando me enojo. Para seguir ese consejo, trato de detenerme antes de reaccionar con ira y me hago las siguientes preguntas:

—¿Tengo el derecho?
—¿Qué beneficio tendré si lucho esta batalla?
—Aun si gano, ¿hará más daño que bien?
—¿Cómo respondería Jesús en esta situación?

Créame, no siempre hago las cosas bien. Pero más de una vez he evitado cometer errores graves al calcular su costo antes de iniciar una confrontación. El Señor Jesús dijo: “¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?” (Lucas 14:31).

En realidad es puro sentido común. Sin embargo cuando estamos atrapados en los interminables ciclos de la ira defensiva, es casi imposible hacer este tipo de razonamiento estratégico. Cuando todas las ofensas, sin importar cuán grandes o pequeñas sean, se toman como asunto de vida o muerte, es imposible pensar que podemos dejarlas pasar.Cuando usted no ha sometido su dolor del pasado a Dios, quizá se sienta presionado a reaccionar ante cualquier nueva amenaza con ira renovada, tenga o no sentido. Se ha convencido de que no debe enzarzarse en otro pleito, pero tampoco puede simplemente ignorarlo.

Estoy segura de que Jesús diría que un rey como el del ejemplo, está destinado al fracaso, o al menos a la pobreza por causa de las guerras continuas. La única solución no es la confrontación, sino la sumisión, someter las heridas a Dios y Su toque sanador. Entonces podremos buscar la sabiduría divina, someter todas nuestras batallas a Él y confiar en que Él nos dará la paz y reconciliación.

4. La actitud defensiva le impide tratar con la verdadera causa de la ira

Después de nuestra conversación, Jimmy le dijo a Diana que estaba cansado de vivir en una zona de guerra. La invitó a participar en “diálogos de paz” con él y con un consejero que fungiría como mediador. No fue fácil para ella poder ver más allá de los sentimientos que tenía cuando se sentía atacada. Pero lo hizo.

Meses después hablé con Diana acerca de su experiencia. Ella me dijo: “Hice grandes avances cuando entendí que estar a la defensiva y pelear con Jimmy por todo y por nada me estaba impidiendo ver la verdad: él no era la fuente de mi ira. Era como estar demasiado centrada en el humo, sin tener idea de dónde provenía el fuego”.

Por fin se pudo dar cuenta de que el fuego escondido que llevaba dentro había sido encendido hacía ya mucho tiempo. Creció con tres hermanos mayores muy competitivos, por lo que Diana creía que tenía que trabajar diez veces más duro que la mayoría de la gente para que se le considerara “suficientemente buena”. Cuando entró a la universidad, ya vivía en alerta máxima. Pero fue ahí donde desarrolló el hábito de expresar su ira defensiva. Se graduó en un campo dominado por hombres así que se sintió “relegada a la retaguardia”. Infortunadamente parecía que los consejeros que tuvo habían sido cortados por la misma tijera machista y cuando criticaban su trabajo siempre lo hacían humillándola, con sarcasmo y como un ataque personal.

“Entonces decidí que no iba a permitir que nadie me volviera a tratar de esa manera,” me dijo Diana. “Lo triste es que me convertí en la persona airada que precisamente no quería ser”.

Diana había levantado muros impenetrables por su actitud agresiva, y se había perdido al llegar al fondo del asunto de su gran enojo. No había día en que ella no encontrara cualquier pretexto para proyectar todo su dolor e ira contra Jimmy.Fue muy injusta con él y siempre estuvo atorada en el círculo vicioso de la ira no resuelta. Gracias a Dios finalmente se dio cuenta de eso y comenzó a trabajar en ello.

El gran líder de los derechos civiles Martin Luther King, Jr. dijo en una ocasión, “Las tinieblas no pueden disipar las tinieblas; solamente la luz puede hacerlo. El odio no puede erradicar el odio; solamente el amor puede lograrlo”.3

Una vida que se vive agresivamente no puede aliviar el dolor ni el temor. Solamente la gracia sanadora puede hacerlo cuando nos sometemos al cuidado de Dios. Permítale asumir la responsabilidad de su defensa y descanse en Sus brazos.

Fuente:
June Hunt, Cómo mantener la calma… cuando la ira estalla (Bogotá, D.C., Colombia: Centros de Literatura Cristiana, 2011), 164–168.